Duque Elegido
- Jun 9, 2018
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El motor de mi carrera en la academia ha sido entender las fuerzas que sostienen las elevadas tasas de desigualdad social y económica en nuestro país. Quiero entender el por qué de la resistencia en nuestra historia a tener una sociedad más justa y menos violenta. Por eso, los últimos años de mi vida los he dedicado a entender momentos coyunturales en la historia colombiana en los que un cambio en esa dirección pareció probable.
Las elecciones parecieron ser uno de esos momentos y ya no. Ya no es probable, al menos no por los siguientes 4 (8?) años. Una victoria de Duque mantiene intacta la inmensa desigualdad social y económica y pone en riesgo el potencial del Acuerdo de Paz. Y es que la desigualdad socioeconómica tiene una relación muy estrecha con la violencia. Por eso el Acuerdo de Paz logrado por los equipos negociadores del gobierno colombiano y de las FARC fue pensado para terminar el conflicto armado con las FARC ypara avanzar en la solución de problemas estructurales que han alimentado el conflicto armado por décadas, principalmente la desigualdad.
En su primer gobierno, Alfonso López Pumarejo impulsó una reforma fiscal (1935) y una Reforma Agraria (1936) que hacían parte de un proyecto liberal de modernización más incluyente. Las lógicas clientelistas del bipartidismo y el poder de los terratenientes impidieron que dichas reformas se materializaran. La reacción a las propuestas de López Pumarejo alimentó décadas de violencia, de La Violencia. En 1974 hubo una gran reforma fiscal, progresiva, que prometía tener repercusiones reales en la distribución de la riqueza económica y social. La contra-reforma no se hizo esperar en 1975. También se esfumaron oportunidades con el asesinato de líderes comprometidos con una visión de país con más justicia.
Es difícil quitarme las gafas de investigadora para entender la coyuntura electoral en la que nos encontramos. Mis conclusiones no son alentadoras y estoy muy aturdida. En twitter sólo leo insultos desde el “centro” hacia la “izquierda” y viceversa. Nada constructivo. En cambio, en la derecha reina la armonía. Una vez más ganó el discurso excluyente que sostiene intacta la distribución de los recursos y de las oportunidades. El mismo que por décadas ha apelado a defender “los valores de la familia” y a la economía del fantasma de la expropiación para excluir y frenar el cambio real que necesitamos. Ganó también la lógica clientelista.
Aunque igual de frustrante, es menos difícil leer sobre estas oportunidades desperdiciadas en el pasado que ver cómo se esfuma una en tiempo real. Con el anuncio de Antanas Mockus y Claudia López de apoyar a Petro revive en mí la esperanza de que todavía podemos cambiar nuestra historia. Voté por Sergio Fajardo en la primera vuelta porque creo en él y en Claudia López y en el equipo que construyeron. Además pensé que eso facilitaría derrotar a Uribe en segunda vuelta. Sin embargo, estoy de acuerdo con Gustavo Petro en que el principal problema de nuestro país es la desigualdad. No sé si es Petro quién pueda liderar este cambio y aún ganando, enfrentaría una oposición poderosa. Tampoco sé cuáles son las mejores políticas para lograrlo. Sólo se que el primer paso es tenerlo en la agenda, que nos despertemos y comprendamos que la injusticia debe parar. También sé que a Uribe y amigos no les interesa este cambio. Su capital político y económico depende de dicha desigualdad.
Probablemente todo lo que digo aquí ya lo habían oído de alguien más. Escribo esta esto con fines terapéuticos y me ha servido. De paso los invito a votar a favor de las víctimas, a favor de las mujeres, de la constitución, del proceso de paz y de la paz. Para proteger los derechos de las minorías y de los desmovilizados que entraron a la guerrilla siendo niñas y niños y por que no tenían otra opción. A favor del planeta y del cambio hacia una sociedad más justa. En contra de Duque y a favor de Petro.
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